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Los Hermanos Ameghino
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Florentino Ameghino, Padre de la Paleantología Sudamericana
Sabio Auténtico
Carlos Ameghino, Aventura Patagónica del Siglo XIX
Viaja a la Argentina para conocer los secretos de la Patagonia.
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Florentino Ameghino

Padre de la Paleantología Sudamericana

Florentino Ameghino,  nació en Luján (Provincia de Buenos Aires, Argentina) el 18 de septiembre de 1854, fue geólogo y paleontólogo. Su único título oficialmente obtenido fue el de maestro de escuela, en las ciencias naturales fue autodidacta.

Desde muy joven se dedicó al estudio y observación de los terrenos pampéanos y sus fósiles, convirtiéndose en un científico de renombre, abocado al estudio de las ciencias naturales especialmente de la etnografía, la antropología y  la paleontología.

Con mucho esfuerzo y una curiosidad natural que no tenía límites, realizó numerosas excavaciones en el subsuelo argentino pese a las dificultades para solventar por su propia cuenta los gastos que ocasionaban sus investigaciones.Los hermanos Ameghino fueron reuniendo una importante colección de huesos, que con el correr de los años se transformó en la mayor compilación conocida en la América de fines del siglo XIX.

Florentino Ameghino estudió y clasificó más de 6000 especies (muchas hasta ese momento desconocidas) y elaboró una teoría que situaba el origen de los mamíferos en las pampas argentinas. Además propuso la tesis del origen americano del hombre basándose en sus estudios sobre los fósiles hallados.

En su libro  “La Antigüedad del Hombre en el Plata”, Florentino Ameghino expresa: “Recogimos  los restos que denotan la existencia del hombre durante la época pampeana, en el depósito lacustre que representa la capa número 2.  Nuestras primeras investigaciones en este punto remontan al año 1872. En dicha época encontramos, como a un metro de profundidad algunos fragmentos de la coraza de un Glyptodon, que consideramos Glyptodon Typus. Al ejecutar  las excavaciones necesarias para verificar su extracción notamos que esos fragmentos formaban dos grupos diferentes, y que en cada grupo estaban perfectamente sobrepuestos unos a otros. Las dos pilas se encontraban a unos 50 centímetros de distancia una de otra, en la una había 9 pedazos de coraza acumulados de esa manera y en la otra 11. Los fragmentos tenían un diámetro de 20 a 30 centímetros.  Es claro que sólo una mano inteligente pudo acumularlos unos encima de otros de ese modo (...)”    - “La Antigüedad del Hombre en el Plata”, Pág. 248. Editorial La Cultura Argentina, Buenos Aires, 1918.